Cancún, Q. Roo, 12 marzo del 2026.- En la política cancunense hay carreras que se construyen con trabajo… y, hoy en día, hay otras que se inflan con filtros de Instagram, discursos reciclados y la bendición de la presidenta municipal Ana Patricia Peralta. Hasta hace poco, el secretario general del ayuntamiento de Benito Juárez, Pablo Gutiérrez Fernández, parecía caminar cómodamente por el segundo carril.
El muchacho aparecía en todos lados: inauguraciones, recorridos, reuniones vecinales, selfies institucionales y videos cuidadosamente producidos para redes. Todo muy dinámico, muy sonriente, muy de “servidor público cercano al pueblo”.
Una especie de superhéroe municipal… pero con community manager.
El problema con los superhéroes de redes es que, tarde o temprano, la realidad les quita la capa.
Y justo cuando marzo se pinta de morado, cuando el poder político repite discursos sobre igualdad y respeto en el marco del mes de la mujer, aparece una denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de Quintana Roo por presunta violencia laboral contra una funcionaria. ¡Vaya sincronía política!. Porque mientras los discursos institucionales hablan de empoderamiento femenino, el expediente VG/BJ 077/02/2026comienza a circular como mosquito en temporada de lluvia.
Y este gato, que no cree en coincidencias sino en torpezas estratégicas, no puede evitar una pregunta maliciosa: ¿En qué momento el delfín oficial decidió que marzo era buen mes para convertirse en problema? Porque nadie en el Palacio Municipal fingía demasiado. El muchacho era el proyecto. El favorito de Ana Paty. El que caminaba con demasiada visibilidad para no levantar sospechas. El que, según los rumores más persistentes, se preparaba para suceder a la alcaldesa cuando llegara la hora de repartir candidaturas.
El delfín, pues. Pero hay delfines que nadan… y otros que terminan chapoteando.
Sobre todo, cuando el clima político nacional gira alrededor de discursos feministas impulsados desde el palacio nacional, donde cualquier señal de comportamiento misógino se vuelve dinamita narrativa. Y entonces ocurre lo inevitable: el silencio.
Ese fenómeno curioso donde el funcionario que ayer estaba en todas las fotos hoy parece haberse vuelto tímido con los micrófonos. El héroe digital que todo lo transmitía en vivo ahora practica el noble arte de la discreción. ¡Cosas de la política!.
Porque en Quintana Roo, cuando un proyecto político empieza a oler a problema, los mismos que ayer lo impulsaban comienzan a mirar hacia otro lado con una rapidez admirable. Este gato lo ha visto demasiadas veces. Primero viene el entusiasmo.
Luego el rumor. Después el expediente. Y finalmente… el distanciamiento elegante.
Así que la pregunta ya no es si el delfín quiere ser alcalde. La pregunta que empieza a escucharse entre pasillos y cafés políticos es mucho más sabrosa: ¿Seguirá siendo el delfín… o ya empezó a convertirse en el lastre? Porque en la política caribeña hay una regla no escrita que todos conocen, pero nadie admite: Cuando un proyecto deja de ser útil… el mar se llena de tiburones. Y aquí es donde la política deja de ser espectáculo y se convierte en cálculo frío. Porque si algo sabe el poder es sacrificar piezas cuando empiezan a estorbar. El supuesto heredero de Ana Paty, el funcionario que caminaba con aire de futuro alcalde, hoy carga con una pregunta que ningún estratega puede borrar: si así trata a una mujer dentro del poder, ¿qué clase de poder pretende ejercer mañana?. En política, los proyectos no mueren por falta de promoción… mueren cuando se vuelven un estorbo para quien los impulsó. Y a estas alturas, más de uno en el ayuntamiento ya empezó a preguntarse si Pablo Gutiérrez, sigue siendo el delfín… o si ya se convirtió en el primer sacrificio rumbo al 2027.
Columna de Luis Mis
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