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Los que hablan de medio ambiente; y los que mandan

  • Foto del escritor: Omar Alex
    Omar Alex
  • hace 17 minutos
  • 2 Min. de lectura

Benito Juárez, Q. Roo, 30 de enero del 2026.- En la jungla política de Quintana Roo hay muchos que se dicen verdes, pero pocos que entienden de selva. Y no, no hablamos de abrazar un árbol para la foto ni de recitar mantras ecológicos frente al micrófono. Hablamos de poder, de gestión y de saber moverse sin hacer ruido. Eso, curiosamente, no todos lo dominan.

La reciente reunión en la Ciudad de México entre Mara Lezama y Alicia Bárcena fue de esas que incomodan. No porque se haya dicho algo escandaloso, sino porque se hizo lo impensable para ciertos aspirantes: trabajar sin reflectores. Mesa cerrada, agenda clara y un mensaje que no necesitó subtítulos: la política ambiental de Quintana Roo ya tiene operador… y no está en campaña.

Si, ahí estuvo Óscar Rébora. Sin discursos verdes fluorescentes ni biografías recicladas. No fue a “aprender”, ni a tomarse la foto para justificar el cargo. Fue a hacer lo que no saben hacer muchos de sus críticos: hablar con la federación de tú a tú, con datos, estrategia y territorio en la cabeza. Eso explica el nerviosismo felino —perdón, humano— en algunos corrillos morenistas y verde-ecologistas.

Porque cuando alguien avanza en silencio, los demás empiezan a hacer ruido. Filtraciones, rumores, sonrisas fingidas y una súbita vocación ambiental de quienes ayer defendían cualquier cosa menos la naturaleza.

Y es que en política, cuando te atacan sin nombre ni causa, como pretenden con el secretario de medio ambiente, es porque ya lo vieron como obstáculo.

El tema del sargazo es el mejor ejemplo. Para algunos, una tragedia perfecta para la foto dramática y la culpa ajena. Para otros, como Rébora, un problema complejo que exige coordinación real, planeación y largo plazo. Tres palabras que provocan alergia a quienes sólo entienden de coyuntura y aplauso inmediato.

Y no hablamos del Partido Verde, porque Rébora es Morena, de hueso guinda, no de ese club donde los “niños verdes” de Jorge Emilio mutan de color con la misma facilidad con la que cambian de discurso, de aliado y de conveniencia.

Porque ahí en el partido del Tucán abundan los ambientalistas instantáneos: verdes de discurso, grises de resultados. Los mismos que hoy critican desde la banca, pero que nunca pidieron entrar a la cancha cuando había que trabajar.

Mara Lezama, hay que decirlo, parece haber tomado nota de algo elemental: no todo el que grita gobierna, y no todo el que gobierna grita. Por eso su apuesta ambiental combina discurso social con operadores que no necesitan presumir cada paso. Llevar a Rébora no fue casualidad, fue cálculo político.

Los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar no son poesía ecológica; son economía real con reglas. Desarrollo sin saqueo. Proyectos que no caben en la cabeza de quienes todavía creen que el ambientalismo es una pose ideológica y no una responsabilidad de Estado.

Así que mientras algunos siguen maullando para ver si alguien los escucha, el gato que entiende el juego ya se sentó en la mesa donde se decide el rumbo. Y eso, en política, no es suerte ni casualidad: es poder. Lo demás es ruido, envidia… y tiempo perdido. Por El Gato Maya

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