Cancún, Q. Roo, 30 de marzo de 2026.- La muerte de una mujer de 60 años, atropellada la noche de ayer domingo e en un paso peatonal de la avenida José López Portillo, en esta ciudad de Cancún, por motociclistas que corrían y realizaban maniobras peligrosas durante una rodada, no fue un accidente: fue una tragedia anunciada.
Los responsables huyeron, sí…pero no huyeron solos: la autoridad llevaba tiempo huyendo de su obligación.
Estas rodadas no son nuevas. Han sido denunciadas, grabadas, señaladas. Se repiten en las mismas avenidas, a las mismas horas, con los mismos riesgos. Y aun así, nada.
Cuando una conducta peligrosa se normaliza sin intervención de la policía de tránsito municipal, deja de ser imprudencia aislada… y se convierte en fracaso institucional.
Porque aquí no faltó información, faltó decisión.
La autoridad no puede esconderse en la sorpresa.
Fue permisividad con cálculo electoral, no con visión de gobierno: dejar hacer para no incomodar a nadie… y así no perder votos. Total, la seguridad puede esperar, pero el 2027 no.
¿Verdad, Ana Paty Peralta?
Porque cuando termina en muerte, ya no es omisión: es responsabilidad de gobierno. Basta de operativos tardíos y discursos de ocasión. Las rodadas no pueden seguir tomando
la ciudad como pista. Si van a existir, deben estar reguladas, autorizadas y vigiladas por la policía, con rutas, horarios y sanciones claras. Todo lo demás es darle la calle a la imprudencia.
Y este caso no puede quedarse en indignación pasajera.
Se debe abrir una investigación seria sobre la posible responsabilidad de las autoridades por omisión.
Porque cuando se ignoran denuncias ciudadanas reiteradas y el riesgo es evidente, la omisión deja de ser descuido… y empieza a parecer complicidad.
Hoy fue una mujer, mañana puede ser cualquiera.
Porque en Cancún, cuando la autoridad no actúa… la calle se vuelve tierra de nadie. Y en tierra de nadie, siempre pierde el ciudadano. (Columna de Luis Mis)
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